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ENTREVISTA A SULTANA JAYA, ACTIVISTA DE DD HH Y VÍCTIMA DE TORTURAS EN MARRUECOS.




Tiene sólo veintisiete años, parece una joven tranquila y con toda la
vida por delante, pero cuando esta mujer nos cuenta su pasado, hay en
él más sufrimiento que el que muchas personas de más edad podrían
soportar. Sultana Jaya se ha hecho tristemente famosa por las torturas
sufridas hace un año y medio, a manos de la policía marroquí, que le
provocaron la pérdida de un ojo. Hoy, tras mucha lucha y mucho sudor y
sangre derramada, se ha convertido en un símbolo de la lucha del pueblo
saharaui.

Usted
era una estudiante en Marrakech. Su único crimen fue solidarizarse
pacíficamente con otros estudiantes saharauis que habían sido apaleados
por la policía en Agadir.


¿Cómo sucedió todo?

En
el 2005, como es sabido, estalló la Intifada saharaui por la
independencia, que es un levantamiento popular y una muestra de
resistencia del pueblo saharaui, sobre todo jóvenes, contra la
ocupación marroquí y la represión. En el 2007, estaba en Marrakech, con
otros estudiantes saharauis, en la Universidad, y decidimos organizar
una sentada en solidaridad con lo que pasaba en los territorios
ocupados, sobre todo en solidaridad con los compatriotas que habían
sido víctimas de graves violaciones de los derechos humanos.

Yo
estuve al frente de la manifestación, de la sentada, y vinieron más de
setecientos antidisturbios. Y era tan rápido y tan brutal que de
repente me encontré rodeada por un centenar de antidisturbios, uno me
pegó directamente al ojo, se me cayó el ojo en la mano, y cuando le
pedí que dejara de torturarme, otro agente les ordenó: "¡pegadle en el
otro ojo!". Afortunadamente, el otro golpe llegó sólo al hueso, no
llegó a destruirme el otro ojo.
Y de
repente trajeron a otro grupo de estudiantes saharauis, chicas, y nos
metieron en una ambulancia. Yo estaba sangrando, nos metieron sangrando
en la ambulancia, yo me acuerdo de un golpe, de una patada que me hizo
rodar dentro de la ambulancia y me impidió sentarme en la camilla. Un
policía me dijo: "la camilla es para los marroquíes, vosotros sois
animales y no merecéis la cama". Yo, con el ojo en la mano, gritaba
"¡que me duele mucho!". Él me metía los dedos en el ojo, en el agujero,
para que sufriera más, incluso el conductor de la ambulancia decía:
"pega a la puta Polisaria, y si no quieres, déjame a mí, que yo me
encargo".

Fuimos al hospital y no nos
atendió nadie, sólo me lavaron la cara, que estaba cubierta de sangre,
para que nadie me hiciera fotos. Y después nos llevaron a la comisaría
de un área turística de Marrakech, donde los europeos están ahí, de
turistas, mientras que abajo hay una cárcel donde masacraban a los
sahrauis.Y lo peor es que, cuando nos metieron en la cárcel nos
encontramos a treinta saharauis más, totalmente destrozados, sin ropa,
y con secuelas de tortura, con las manos atadas detrás. Eso fue lo más
fuerte de lo que sufrimos en aquel momento. La situación de estos
jóvenes saharauis era muy, muy impactante.

Pasó
una hora y media. Ya estaba casi muriéndome de tanto perder sangre,
cuando me llevaron a un hospital marroquí. Allí, las enfermeras
simplemente me metieron en una cama. Vino un grupo de oficiales,
parecían autoridades, preguntando "¿dónde está la
Polisaria?" Les
dije que era yo y me dijeron: "¿todavía dices que eres polisaria?" Uno
de ellos me arrastró y me tiró al suelo. El hospital estaba en
condiciones infrahumanas y vomité sangre. Me puso las botas encima de
la cabeza y apretó y me dijo: "lame tu propia sangre, asquerosa
polisaria". Los únicos que lamieron la sangre fueron los gatos que
deambulaban por el hospital.
Me llevaron
a otra habitación, donde había solamente una paciente y a las cuatro de
la madrugada vino otro grupo de policías con un papel para que se lo
firmara. Les dije que tenía los brazos rotos y no veía nada. Cogieron
mi mano y por la fuerza impusieron las huellas. Eran las acusaciones
del proceso.

¿Nadie la ayudó en esos momentos?

Durante
todo el tiempo, lo único que les pedía era agua para beber, y ellos no
me trajeron nada. Vino una familiar de la otra paciente marroquí, le
pedí algo de beber y me dio un poco de leche. Le di un número de
teléfono de mi familia, para que la avisara. Pero estaban vigilando la
habitación, entraron y le dieron una bofetada a la chica marroquí y
borraron el número. Cuando vieron ese acto de simpatía, me llevaron a
otra habitación aislada. Y luego vinieron quince agentes, parecían
oficiales, y la enfermera me dijo: "tienes que comprar el hilo para
coserte el ojo". Eso es muy habitual en Marruecos. Le contesté "¿cómo
voy a comprar el hilo, estoy esposada a la cama, y en esta situación?
Te doy un número y llama a cualquier saharaui o a mis familiares y te
compran todo lo que quieras." Lo lógico es que tenían que operarme en
un plazo de seis horas, y tardaron dieciocho horas. Y de repente, un
policía tuvo clemencia de mí y me dijo "oye, no toleraría que eso le
pasara a mi hermana o a un familiar mío. Dame un número y llamamos a
algún familiar." Al principio no confiaba en él, pensaba que lo que
quería era un número de contacto. Pero al final se lo di, marcó y me
dejó el teléfono. Llamé a una amiga y afortunadamente estaba con ella
el presidente de una asociación de derechos humanos saharaui y
vinieron, pusieron trabas, porque lo que querían los marroquíes era
coserme los párpados sobre la cuenca del ojo, directamente. El
presidente de la asociación es una persona muy formada y les dijo que
iban a tener que asumir  su responsabilidad. Intentaron omitir las
fracturas en la cara y en la cabeza, pero al final un médico asumió la
responsabilidad y me operó.

¿Estuvo luego en la cárcel?

Sí.
Me llevaron al tribunal y el procurador del Rey me dijo que si quería
que me soltaran tenía que decir que todo el daño se lo habían hecho los
propios estudiantes saharauis. Me negué y me condenaron a ocho meses de
cárcel. Después, cuando salí, me invitó una asociación sueca de apoyo
al pueblo saharaui y salí de Marruecos sin que las autoridades se
enteraran, clandestinamente.

Ahora vive en España, donde la han
operado y le han reconstruido el rostro. Se dedica a denunciar los
malos tratos y las torturas de Marruecos. ¿Qué piensa hacer en el
futuro? Mi intención es volver a los territorios ocupados, pero estoy
esperando a tener los papeles, para poder regresar si es necesario. Si
no, no podré hablar sobre el Sahara. Con papeles, tendré protección,
podré entrar en Marruecos y seguiré luchando por los derechos de mi
pueblo. Eso es lo más Importante para mí, la causa saharaui y que la
República Árabe Saharaui Democrática sea el representante único del
pueblo saharaui.
Usted se ha convertido en un símbolo y un referente para su pueblo. Pocas personas de su edad pueden afirmar eso.

Mi
sufrimiento es el sufrimiento de todo el pueblo saharaui, que vive en
los territorios ocupados bajo la represión y opresión sistemática de
las autoridades de ocupación marroquíes. Y de la otra parte de la
población saharaui, que sufre en los campamentos de otra forma; no es
la represión, pero sí la tortura del exilio.
 










FUNDACION SAHARA OCCIDENTAL

Publicado en: 2008-10-14 (1074 Lecturas)

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